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miércoles, 18 de mayo de 2016

CONFESIONES DE UNA MADRE: LIBROS Y UNIFORMES DE SEGUNDA MANO (O DE TERCERA, LO QUE SEA)

No sé si os pasará a vosotras pero cuando entramos en el mes de mayo, no puedo dejar de pensar en los dos horrores que se me vienen encima: los uniformes y los libros para el siguiente curso académico.
Por lo general y salvo gloriosas excepciones, ninguno de los libros de mis hijas mayores valen para sus hermanas, ya que hemos pasado del simple proyecto  "pixepolis" al grandioso "superpixépolis" e incluso, a veces, ni siquiera se trata de este proyecto sino que cambiamos, por completo, de editorial.
Si el problema de los uniformes ya es de por sí horroroso, el de los libros es todavía peor puesto que supone, en conjunto, un desembolso de dinero que muchas familias no nos podemos permitir.
Es por ello que muchas madres iniciamos por este tiempo una alocada y agotadora carrera en busca de nuestro "tesoro" o dicho de otro modo, buscamos allí y allá y removemos cielo y tierra con tal de conseguir alguna prenda y, al menos, alguno de los libros de la larguísima lista que se nos ha entregado (no importa si es de segunda o de tercera mano) y que hemos recibido, una vez más, con los ojos desorbitados de puro espanto. Al menos, yo, os lo confieso.
Es una carrera alocada porque, la mayoría de las veces, tan solo intuimos a quién acudir para pedir la ropa o el libro que tanta falta nos hace y aunque se trata de alguien conocido, no nos vamos a engañar, cuesta pedir favores cuando no existe una confianza absoluta.
Y es agotadora porque, en ocasiones, nuestros esfuerzos fracasan  y nos sentimos al límite de nuestras fuerzas y sin los dichosos libros o uniformes.
Por supuesto si se trata de una familia numerosas, como es mi caso, la situación se complica muchísimo más.
Como muchas otras madre, yo me he pasado veranos borrando y tapando respuestas ajenas y la verdad es que siempre he agradecido de corazón esos euros que pude ahorrarme gracias a la generosidad de amigas y desconocidas que, de forma altruista, me brindaron su apoyo y su ayuda para sacar a las niñas adelante.
En nombre de todas las familias que nos enfrentamos a esta doble pesadilla, os rogamos que si tenéis prendas del uniforme y libros de texto susceptibles de ser aprovechados por otros niños, penséis en nosotras porque, realmente, os necesitamos.
P.D. De todo lo que nos vayáis dando pondré un listado en la web para facilitar la ayuda a quienes me la soliciten 


jueves, 5 de mayo de 2016

CONFESIONES DE UNA MADRE: HAY QUE RESISTIR

Hace ya un tiempo que no escribo y no por falta de ganas, porque me encanta sino por no mostrar mi estado de ánimo.
Muchas veces, aunque deseo sonreír, no logro esbozar más que media sonrisa pues al mirar a mi alrededor, constato que nada ha cambiado.
Seguimos en paro, con los mismos apuros económicos, similares preocupaciones y crecientes necesidades y, sin embargo, no ocurre nada que venga a paliar o mejorar dicha situación.
Esto me preocupa y este par de semanas pasadas, me he sentido particularmente triste.
Tal vez haya influido el hecho de que a mi hija mayor la partieran la nariz de un balonazo en el patio e incluso, con mayor razón, el tener que operarla. No lo sé.
El caso es que hace un par de noches, cuando me acosté, mi marido me tomó las manos, me dijo que estaban heladas y las mantuvo entre las suyas para darlas calor. Este simple gesto, tan espontáneo y sencillo, me transportó a un momento mágico y durante ese brevísimo instante, recibí lo que podría definir como un golpe de felicidad directo al corazón. No sabría describirlo de otro modo.
Y fue tan especial porque, de repente, mis problemas se convirtieron en una especie de nebulosa que se alejaba a gran velocidad empequeñeciendo, hasta hacerlas desaparecer, cada una de nuestras cotidianas tensiones por ese dinero, tan necesario, que se empeña en dar un rodeo para no tener que entrar por casa.
He dejado atrás la melancolía, la añoranza del ayer ¿Acaso eran tiempos mejores? no, no lo eran. Las carencias económicas han reforzado, sin duda, nuestro amor y nos han hecho más fuertes. Somos capaces de resistir cualquier infortunio pues llevamos años de práctica manteniendo la unidad familiar pese a cada estacazo.
Estoy segura de que si todo hubiesen sido facilidades, no hubiese llegado a estas mismas conclusiones.
Así que podemos sentirnos orgullosas de vivir lo que vivimos, porque somos mujeres que aguantamos, resistimos y luchamos. Podemos hacerlo, podemos con todo.
Este artículo va dedicado, por entero, a nosotras.