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domingo, 28 de febrero de 2016

CONFESIONES DE UNA MADRE: INTRODUCCIÓN-MI LECCIÓN DE VIDA

Si alguna de vosotras me preguntase desde hace cuanto tiempo estoy en una situación económica "delicada" tendría que remontarme, por, lo menos, tres años atrás aunque en realidad, las dificultades comenzaron un poco antes, desde nuestro "ERE".
Por aquel entonces ya empezamos a practicar algunos recortes, realmente no demasiado graves pero que para nosotros resultaron difíciles de llevar sin ser conscientes de que, poco más tarde, vendrían los verdaderos problemas.
Como madre, siempre he procurado que mis niñas tengan lo mejor y el peor obstáculo que me ha impuesto la vida es mirarme al espejo y preguntarme día tras día, como si formase parte de un agónico y lentísimo ritual, cuándo mejorará nuestra suerte y saldrá un trabajo. Y no por mí. Nunca por mí, sino por ellas.
Debo confesaros que pese a mis carencias personales, no son éstas las que más me duelen. Cada vez que necesito algo para ellas siento una enorme impotencia y sin embargo, esbozo una profunda sonrisa, lo más cálida que puedo para que mis niñas vivan, con la mayor felicidad y despreocupación, su infancia y recién adolescencia.
Mi constante obsesión es protegerlas sin darme cuenta de que, la mayor parte de las veces, son ellas las que me protegen a mí, las que me abrazan y besan en un silencio colmado de ternura cuando me brotan las lágrimas sin atreverme a darlas una explicación de mi tristeza y pese a ello, no hay preguntas.
Son abrazos cómplices, que no solo rodean mi cuerpo sino que, al mismo tiempo, envuelven mi alma y es en ese preciso instante, en medio de mis pensamientos inundados de nubarrones grises, cuando la esperanza renace de nuevo.
Me ha costado bastante pero al final he descubierto que justo en aquellos día en que me siento más ahogada, es cuando más aire puro respiro y de repente, aun estando de mal humor, me cruzo en la calle con un auténtico desconocido que me cede el paso y me sonríe o incluso me desea un buen día.
¡Sí! El  mundo está lleno de gente buena, capaz de ponerse en tu lugar con una desbordante generosidad y empatía.
Sé que cuesta muchísimo pedir y lo sé por experiencia. Yo llegué a resistir mucho tiempo sin recurrir a los demás. ¡Estaba equivocada!
Estoy convencida de que todos formamos parte de una misma cadena donde, de forma aleatoria, unas veces nos toca dar y otras tantas recibir y que el mejor bagaje que podemos llevarnos, al final de nuestra existencia, no es lo material sino que los demás hablen de tí con amor, por todo el amor que tú les supiste brindar.
Esta debería ser nuestra lección de vida. 

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